diciembre, 31

diciembre, 31

iba a dejar esto para el año que viene, es decir, para mañana, pero ¿por qué esperar?

esto ha sido idea de una tocaya mía con la que apenas tengo relación pero a la que aún así me siento unida por el hecho de compartir nombre.

repaso del 2016:

empecé en Berlín, por segunda vez, rodeada de fuegos artificiales y petardos en pleno centro de Alexanderplatz, otra vez hasta arriba de vino y rodeada de mis queridos latinos. Volví a Madrid y volvió a ser duro, pero eso no era noticia pues siempre es así. Suspendí exámenes importantes en la universidad por falta de motivación, empecé el segundo cuatrimestre con ganas de mejorar (siempre me propongo mejorar de un año para otro con la esperanza de estar completamente conforme con todo, pero sigo sin conseguirlo tras veinte años) Descubrí que me gusta el derecho civil aunque muchos de mis compañeros me tomen por loca. Derecho constitucional es una pura utopía, una utopía a la que ojalá se llegue algún día.Intenté unirme a varias asociaciones universitarias pero no eran lo que buscaba. Comprobé que puedo dar más de mi pero que me falta proponérmelo. Volví a caer en un vicio malo malo del pasado pero como a la tercera no fue la vencida, no será jamás, y muchas gracias. Gracias a ese final conocí a dos grandes personas; una con la que jamás imaginé que me llevaría bien, pero qué importante ha sido. Y mi amor Gaspar, que después de cinco largos años, la vida decidió volver a juntarnos y así se me dió la segunda y última oportunidad que necesito. Este 2016 he comprendido las canciones de amor y he entendido por qué no tenía que funcionar con nadie más. Encontré mi estabilidad, mi roca. Visité Barcelona, me replanteé mi sexualidad, me dí cuenta de cuánto me gustaría vivir en una ciudad con playa, pero de cómo me agobia estar rodeada de turistas, aunque sea una más. Mis pequeñas navatitas no se han cansado de demostrarme que son lo mejor y que teniéndolas a ellas no necesito nada más. Empecé a querer mi universidad, mi carrera y a mis compañeros de clase. Empecé también a trabajar en mi fuerza de voluntad. Llegó mayo y lo dí todo en los exámenes finales, y después de mucho esfuerzo me vi recompensada, aunque tuviera que darlo todo una segunda vez por los de enero y volviera a caer en la desesperación por no aprobar una de ellos. Volví a Alemania después de seis meses, y después de un año sin pisar las ciudades de mi intercambio y todo era distinto, había alguien esperándome, y el reencuentro con el pasado no fue lo esperado. Pasé el peor y el mejor verano de mi vida. El mejor por las primeras aperturas serias de corazón, que necesitaban al principio mucho alcohol y poco a poco fueron calmándose para ser menos dramáticas y más confiadas. El primer “Te quiero” verdadero de mi vida entera, y el “Te quiero más” más esperado. Alcossebre con Mónica, con conversaciones profundas cada noche y risas en la playa cual enanas. Primera presentación oficial a padres por los dos bandos, largos paseos por Ribadesella haciendo planes de futuro que por favor se cumplan. Esa sensación de “todo va bien” que creí que no tendría nunca más. La odiosa mononucleosis y las dos vías que me pusieron en el odioso hospital. Las tres semanas que estuve enferma sin recordar lo que era estar completamente sana. El festín en el WOK cuando me recuperé. Volver a replantearme la carrera, tener que enfrentarme a mi vagancia del 2015. Perder a mi abuela, seguir sin hacerme a la idea de que no está y echarla de menos a diario, teniendo que enfrentarme a la pérdida de una forma desconocida para mi. Tener una de las crisis existenciales más fuertes de mi vida entera, y que a partir de ahí pueda considerar un antes y un después. Que a partir de ahí me tome las cosas más en serio y quiera ampliar horizontes llevando a cabo varios proyectos (entre ellos, éste). Los reencuentros con Jacky y Andrés. Darme cuenta de lo poco que me importan los seguidores, los likes y las opiniones ajenas y sentirme libre en ese mismo instante. Empezar a hacer las cosas por mí, y depender menos de los demás. Visitar Berlín una vez más y echar de menos a ese alguien especial y hacer planes para el futuro cercano.

En definitiva, ha sido un buen año gracias a mi bonito corazón, quien ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, y lo peor ha sido el adiós a mi abuela.

Y tengo muchas ganas de empezar este nuevo año, 2017

 

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